Con el trabajo distribuido y la nube, proteger la red dejó de ser suficiente: ahora se protege a las personas.
El modelo clásico de "castillo y foso" perdió sentido cuando los datos, las aplicaciones y los empleados salieron del edificio. El nuevo perímetro es la identidad de cada usuario y dispositivo.
El enfoque Zero Trust parte de no confiar por defecto: cada acceso se verifica, se limita al mínimo necesario y se monitorea. La autenticación robusta se vuelve la primera línea de defensa.
Para el negocio, invertir en identidad no es un gasto técnico: es proteger la continuidad operativa y la confianza de clientes y socios.